viernes, 17 de julio de 2026

La historia ocultada de la ANR y sus pedofilos

 


En la mañana del 18 de octubre de 1985, Blas Riquelme, acompañado de matones armados a caballo, cabalgó hasta la comunidad Mbya de Posta Romero, para el desalojo final.


Los peones de la estancia golpearon a los hombres y violaron a varias de las mujeres. Rotelo, el administrador, violó a una mujer frente a su marido.


Luego derribaron las casas de la gente con tractores y les prendieron fuego.


La destrucción incluyó los opy, templos sagrados, que fueron reducidos a cenizas.


La gente huyó aterrorizada a los bosques adyacentes.


Durante una década, la comunidad Mbya Guaraní de Paso Romero resistió en silencio el cerco de la Estancia La Golondrina, una estancia de 75.000 hectareas propiedad de Blas N. Riquelme.


Esa estancia forma parte de la empresa Campos Morombi, conocida también por estar involucrada en otros graves conflictos.


En julio de 1985 la presión en la Estancia Golondrina se transformó en una pesadilla de fuego y sangre.


𝐏𝐑𝐈𝐌𝐄𝐑 𝐃𝐄𝐒𝐀𝐋𝐎𝐉𝐎

Unas tres semanas antes del desalojo final, el 26 de julio, el capataz de la estancia La Golondrina, bajo órdenes de Blas Riquelme, había lanzado un ultimátum brutal a los indígenas Mbya Guarani.


Debían abandonar sus tierras ancestrales en 24 horas o verían sus hogares arder.


Al día siguiente se inició el primer desalojo violento. La mayoría de los hombres estaban trabajando fuera de la aldea. Sesenta y siete familias huyeron desesperadas.


Mujeres, niños y ancianos se lanzaron a cruzar el río Acaray, cuyas aguas estaban peligrosamente crecidas.


En medio de esa huida frenética por la selva, el dolor se mezcló con la vida: una mujer de la comunidad dio a luz a la intemperie, entre el barro y el frío, sin más refugio que el monte.


A pesar del terror, la comunidad regresó semanas después, pues, como decían sus líderes, no tenían otro lugar.


𝐓𝐎𝐑𝐓𝐔𝐑𝐀 𝐃𝐄𝐋 𝐋𝐈́𝐃𝐄𝐑 𝐄𝐒𝐏𝐈𝐑𝐈𝐓𝐔𝐀𝐋

El 17 de octubre, el administrador Antonio Rotelo arrastró al líder espiritual y chamán, Porfirio Fariña, hasta un estrecho puente de troncos sobre el río.


Allí, ante los ojos aterrorizados de su gente, Rotelo lo golpeó repetidamente con la culata de su rifle y realizó disparos rozando su cabeza.


En un acto de crueldad extrema, el capataz despojó a Fariña de sus ropas y, machete en mano, amenazó con castrarlo, buscando quebrar no sólo su cuerpo, sino el alma espiritual de la aldea.


𝐃𝐄𝐒𝐀𝐋𝐎𝐉𝐎 𝐅𝐈𝐍𝐀𝐋

Al día siguiente llegó el desalojo final descrito al inicio de este relato.


Mientras el humo de 67 hogares cubría el cielo, el jefe Ignacio Perõ denunciaba que los trataban "como animales domésticos" simplemente porque el agresor tenía dinero y poder político.


Aquel incendio marcó el fin de Paso Romero como aldea, forzando un exilio que sólo terminó cuando el Estado, ante la presión internacional, compró 1.500 hectáreas adyacentes para su reasentamiento, aunque en tierras de menor calidad.


𝐋𝐀 𝐓𝐑𝐀𝐆𝐄𝐃𝐈𝐀 𝐃𝐄 𝐋𝐎𝐒 𝐏𝐔𝐄𝐁𝐋𝐎𝐒 𝐈𝐍𝐃𝐈́𝐆𝐄𝐍𝐀𝐒

Blas N. Riquelme es un símbolo de la tragedia de los pueblos indígenas.


El empresario con sus 300.000 hectáreas y varias estancias resume la historia del Paraguay. Es como una representación muestral de lo ocurrido a lo largo de nuestra historia.


𝐋𝐀 𝐌𝐀𝐒𝐀𝐂𝐑𝐄 𝐃𝐄 𝐋𝐎́𝐏𝐄𝐙

Los Mbya, así como los Ava Guaraní, los Paĩ Tavyterã y los Aché, son pueblos indígenas que resistieron la colonización.


Habían sufrido ya en siglos anteriores eventos dramáticos que amenazaron su sobrevivencia.


Por ejemplo, bajo el gobierno de Carlos Antonio López (1849), se ordenó un operativo militar masivo para circundar los yerbales y apresar a toda familia kaynguá, la denominación que se daba en el siglo XIX a los Mbya, Ava Guaraní, y Paĩ Tavyterã.


Debido al interés económico por la yerba mate, los kaynguá fueron sacados violentamente de sus tierras ancestrales para asegurar la explotación del "oro verde".


El resultado fue brutal: cientos de hombres fueron ejecutados a sangre fría -"muertos a macanazos"- y las mujeres y niños fueron conducidos a la capital para ser repartidos como esclavos en el servicio doméstico.


𝐋𝐀 𝐇𝐄𝐂𝐀𝐓𝐎𝐌𝐁𝐄 𝐃𝐄𝐋 𝐒𝐈𝐆𝐋𝐎 𝐗𝐗

Pero la hecatombe vendría en el siglo XX, con una transformación radical del hábitat de estos pueblos debido a varios factores:


🔴 La venta masiva de tierras a fines del siglo XIX promovido por los gobiernos de la época.


🔴 El desmembramiento de grandes latifundios y la ocupación efectiva de esas tierras anteriormente adjudicadas, con el crecimiento de la agroindustria, la ganadería y la deforestación, principalmente a partir de los años 50.


🔴 Las tierras fiscales otorgadas ilegalmente durante la dictadura de Stroessner, que se estima totalizaron 8 millones de hectáreas, de las cuales Riquelme fue uno de los beneficiarios.


🔴 La violencia contra los indígenas para despojar de sus tierras, como el caso de Paso Romero.


🔴 La inacción o la complicidad del aparato estatal ante el hostigamiento y la violencia con las comunidades indígenas, como se observó en Paso Romero.


🔴 Las conexiones de los empresarios y terratenientes con las más altas esferas del poder, ilustrado por el caso de Blas Riquelme, prominente miembro de la élite gobernante.


Esos cuatro pueblos indígenas -Mbya Guaraní, Ava Guaraní y Paĩ Tavyterã y Aché, tenían a inicios del siglo XX, 11 millones de hectáreas. y ocupaban la gran mayoría de la Región Oriental.


Hoy cuentan con apenas 306.000 hectáreas.


𝐄𝐋 𝐈𝐌𝐏𝐀𝐂𝐓𝐎 𝐄𝐍 𝐋𝐀 𝐄𝐂𝐎𝐍𝐎𝐌𝐈́𝐀 𝐃𝐄 𝐋𝐎𝐒 𝐏𝐔𝐄𝐁𝐋𝐎𝐒 𝐈𝐍𝐃𝐈́𝐆𝐄𝐍𝐀𝐒

Estos cambios tuvieron un impacto directo en el hábitat de estos pueblos.


En estas comunidades el bosque proporcionaba lo necesario, pero nadie era propietario del bosque, del mismo modo que nadie puede ser propietario del viento o de la lluvia.


Vivían en zonas densamente boscosas del Paraguay. Se trataba de ecosistemas antiguos, de selvas profundas, y toda su sociedad estaba perfectamente adaptada a ese ambiente.


Eran cazadores-recolectores nómadas en su mayor parte que se desplazaban en bandas pequeñas y estrechamente cohesionadas, normalmente de unas cuarenta personas.


Su supervivencia dependía de un conocimiento profundo e íntimo del medio ambiente. Recolectaban frutos, nueces y miel silvestre, y también cazaban.


Cuando los recursos inmediatos de una zona disminuían, se trasladaban a otra, permitiendo que el territorio anterior se regenerara.


No construían estructuras permanentes ni desmontaban grandes extensiones de tierra para la agricultura.


Era una forma muy antigua y altamente sostenible de equilibrio con el ecosistema.


𝐑𝐀𝐂𝐈𝐒𝐌𝐎 𝐄𝐒𝐓𝐑𝐔𝐂𝐓𝐔𝐑𝐀𝐋

Estos procesos implicaron un despojo estructural para los pueblos indígenas, la expulsión de sus tierras hacia zonas periféricas o urbanas, y  la fragmentación en grupos pequeños.


Las ideologías discriminatorias actualmente aprenden a expresarse mediante lenguajes socialmente aceptables.


Las ideas sobre inferioridad racial ya no se expresan abiertamente, pero su vigencia se observa en sus efectos.


¿Se reconoce a los indígenas como personas y pueblos contemporáneos, capaces de gobernarse, definir sus necesidades y ejercer los mismos derechos, o se considera que esos derechos deben quedar subordinados al desarrollo, la propiedad y los intereses de la sociedad no indígena?


Cuando existe esa segunda lógica, estamos ante una forma moderna de racismo, aunque haya abandonado el vocabulario abiertamente racista y se presente como sentido común, productividad, seguridad jurídica, integración o progreso.


Fuentes:

The Catholic Church, Human Rights Advocacy, and Indigenous Resistance in Paraguay, 1969–1989 René Harder Horst.

Guarani Indians and an Eastern Paraguayan Ranch. Cultural Survival.




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