En un informe que expone la mayor operación de influencia política de la historia contemporánea, la plataforma Track AIPAC reveló que nada menos que 329 de los 435 miembros de la Cámara de Representantes de Estados Unidos reciben financiación directa o indirecta del poderoso lobby sionista. La cifra, que representa un aplastante 75% de la cámara baja, confirma lo que críticos de todo el espectro político llevan años denunciando: la política exterior estadounidense no se decide en Washington, sino en Tel Aviv.
El poder no se mide solo en bombas o dólares, sino en la capacidad de moldear las decisiones de los poderosos. Y en ese juego, el lobby proisraelí ha construido una maquinaria de influencia sin precedentes en la historia de Estados Unidos. La plataforma de vigilancia Track AIPAC ha publicado datos que ponen números a lo que muchos intuían: el Congreso estadounidense está, en la práctica, "bajo ocupación" del lobby israelí .
Según los registros, 329 de los 435 miembros de la Cámara de Representantes reciben financiación de la red de grupos de presión afines a Israel. Esta cifra, que representa el 75% de la cámara baja, se complementa con la evidencia de que menos del 6% de los legisladores se atreven a rechazar abiertamente este flujo de dinero .
El dinero que mueve el mundo
La red de influencia, encabezada por el Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-Israelí (AIPAC), no escatima recursos. En el ciclo electoral de 2024, el lobby movilizó más de 100 millones de dólares a través de su súper PAC y sus múltiples brazos de presión, invirtiendo estratégicamente en primarias demócratas para reemplazar a los críticos de Israel por candidatos dóciles a los intereses sionistas .
En las elecciones de 2024, el lobby logró la destitución de los congresistas Cori Bush (Missouri) y Jamaal Bowman (Nueva York), dos de las voces más críticas de la matanza en Gaza dentro del Partido Demócrata. En su lugar, llegaron candidatos financiados directamente por la maquinaria de AIPAC, que desembolsó 17 millones de dólares para derrotar a Bush y otros 9 millones para acabar con Bowman .
La metodología del lobby, que Track AIPAC ha perfeccionado tras años de investigación, es implacable: identifican a los candidatos que puedan significar una amenaza para los intereses de Israel, destinan una fortuna a sus oponentes, y no descansan hasta purgar cualquier disidencia en el Congreso .
El giro hacia la derecha y la sumisión a Netanyahu
El giro de AIPAC hacia la derecha política ha sido tan abrupto como controvertido. Antaño una organización bipartidista, hoy actúa como una extensión del Partido Republicano y del gobierno de Benjamin Netanyahu. Esta deriva ha sido especialmente evidente durante el conflicto con Irán, donde el lobby ejerció una presión decisiva en la Casa Blanca para que Trump declarara la guerra a Teherán.
El senador republicano Lindsey Graham, uno de los principales receptores de dinero de AIPAC, ha sido uno de los halcones más ruidosos en el conflicto. Su colega Marco Rubio, hoy secretario de Estado, también figura en las listas de donaciones. Ambos han sido piezas clave en la estrategia de Trump.
El periódico The Guardian ha señalado que la red de AIPAC es tan poderosa que ningún político con aspiraciones reales en Washington puede permitirse enfrentarse a ella sin arriesgar su carrera. La disciplina financiera del grupo es implacable: premia la lealtad a Israel con montañas de dinero y castiga cualquier desviación con el ostracismo político .
La "ocupación" del Congreso: un problema de soberanía
Los datos analizados por Track AIPAC revelan una verdad incómoda para la democracia estadounidense. En la práctica, existe un "tercer partido" en el Congreso: el "Partido Israel Primero" . Con 329 miembros en la Cámara de Representantes, el bloque proisraelí supera tanto a demócratas como a republicanos en cualquier votación clave relacionada con Oriente Medio . Es una potencia política que, según analistas internacionales, ha distorsionado la política exterior estadounidense en beneficio de un estado extranjero.
El economista Jeffrey Sachs, en una reciente entrevista, describió la situación como una “parodia de la democracia”. “Ninguna otra potencia extranjera tiene ese nivel de veto sobre la política estadounidense”, afirmó. “No es China, no es Rusia. Es Israel”
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